27 jul. 2026 · Rigor Técnico
EL RIGOR TÉCNICO NO SE NEGOCIA
A propósito del temporal de la semana pasada, he estado reflexionando sobre nuestra responsabilidad como profesionales, desde los distintos ámbitos en los que cada uno trabaja y se desenvuelve. Y cómo, tal vez, podemos ver pasar la realidad sin que realmente nos afecte o nos llame a la reflexión, porque "no nos toca", porque nos sentimos ajenos a ella o, simplemente, porque nos sentimos incapaces de aportar de manera concreta a un cambio.
En resumen, el temporal dejó 13 muertos, más de 3.600 damnificados y daños en más de 25.000 viviendas, según datos de SENAPRED. Colliers estima más de US$725 millones en daños y todavía no hay un catastro económico oficial del Estado.
Cabe preguntarse: ¿cuántos de esos costos se podrían haber evitado con más planificación, rigurosidad, mejores estudios, mejores diseños, mejor prevención o una real consideración de variables que ya vienen sonando hace tiempo, como el cambio climático?
Sabemos que mucho de lo destruido corresponde a infraestructura que tiene su tiempo, desarrollada en distintos momentos del país, bajo distintos gobiernos y políticas. Pero mirando hacia donde vamos hoy, esta tensión entre calidad y rigor técnico versus rapidez y la idea de disminuir la "permisología", ¿realmente aportará a mejorar y a evitar más daños a futuro, o podría jugarnos en contra?
Este evento es solo un ejemplo visible de algo más profundo. Cuando hay presión por acelerar, por cumplir plazos o por dar señales, el rigor técnico se convierte con demasiada frecuencia en lo primero que se ajusta… y a la baja.
No es un problema exclusivo del clima ni de un solo sector. Se repite en infraestructura, en evaluación ambiental y en proyectos energéticos complejos, como los sistemas de almacenamiento en baterías a gran escala, donde en Chile todavía se hacen evaluaciones de riesgo y seguridad con estándares añejos y lejos del estado del arte mundial. El mismo patrón: se prioriza la velocidad y el estándar técnico queda en segundo lugar. Después, cuando aparecen los problemas, el costo no lo paga el que firmó ni el que autorizó. Lo terminan pagando las personas y el territorio.
Chile pierde en promedio US$4.500 millones al año por desastres naturales. La evidencia internacional muestra que cada dólar bien invertido en prevención puede evitar hasta siete en reconstrucción. Aun así, seguimos aceptando que la calidad técnica sea "negociable".
¿Qué se puede hacer distinto?
Aquí importa el rol de una ingeniería y una evaluación técnica que no se subordinen solo a la velocidad o a un ahorro de costos, sin tener una clara visión de sus efectos en el corto y largo plazo. Eso implica, entre otras cosas:
— Actualizar los estándares al contexto real de riesgo.
— Separar de verdad la evaluación técnica de las presiones de plazos o de ahorros mal evaluados.
— Incorporar el costo de no prevenir dentro de las decisiones de inversión.
— Exigir que acelerar permisos o procesos no signifique bajar el estándar, sino mejorar la eficiencia sin sacrificar calidad ni seguridad.
Nada de esto se resuelve con una simple declaración o un anuncio. Requiere voluntad técnica sostenida, más allá del ciclo político de turno. El rigor técnico no debería ser un obstáculo. Al contrario: es el piso mínimo exigible. La seguridad no se negocia.
Quienes diseñamos, evaluamos, firmamos o autorizamos un proyecto no somos espectadores. Cada vez que aceptamos bajar el estándar por plazos o por presión de cualquier índole, no nos estamos adaptando al sistema: estamos sosteniendo un sistema que trae consecuencias para alguien, ahora o en el futuro. Y cuando el daño aparece, no lo paga el expediente, lo pagan las personas.
La pregunta no es qué dirá el próximo debate ni un gobierno de cuatro años, del color que sea. Es si vamos a seguir prestando nuestra firma para que el rigor técnico siga siendo lo primero que se sacrifica, con las consecuencias que eso trae.
Finalmente, como trabajadores, empresarios o profesionales, o simples ciudadanos, hoy, y con cada decisión que tomamos, estamos sentando las bases de lo que vendrá, y eso conlleva una gran responsabilidad que no podemos eludir y debemos estar conscientes de ello.
El rigor técnico no debería ser un obstáculo. Al contrario: es el piso mínimo exigible. La seguridad no se negocia.
FUENTES
SENAPRED · Estimación de daños de Colliers